El porque de estas páginas



Mi gran pasión por los coches - y por los Ferrari en concreto - se debe, creo, a esos genes que por el 50% vienen de la sangre emiliano-romagnola de mis venas. Y también a ese lejano 5 de febrero 1967, cuando - siendo entonces un chiquillo de trece años - ví las fotos en blanco y negro de aquellas tres Ferrari 330-P4 que desfilaron en Daytona a través de la meta, victoriosas. Aquel día me sentí deportivamente orgulloso de ser un italiano ferrarista.

Mucho más tarde, hacia el final de los 70, me mudé por motivos de trabajo en Maranello, adonde residí hasta 1994. En aquella tierra, el Mito Ferrari está en el aire. Se vive cotidianamente a través de muchos, pequeños detalles. La pasión por la mecánica, y en consecuencia por los motores, está profundamente arraigado; se puede leer en los rostros de la gente que se halla en el circuito de Fiorano, cuando los bólidos rojos están en fase de prueba. Esta pasión, se revive cada vez que, por la carretera, te cruzas con un rojo Ferrari, o este te adelanta. O cuando vislumbras un prototipo camuflado correr en las afueras de la ciudad. O ves, desde la ventana de casa, el helicoptero de Gilles Villeneuve, quien en unos instantes habria hecho cantar a su Ferrari en la pista. Todas éstas, son sensaciones que permanecen en la memoria, y que te acompañan toda la vida.

Montar, pintar y luego coleccionar modelos de Ferrari, es quizá resuscitar cada vez aquellos momentos. Es por esto que quisiera dedicar este espacio ferrarista a todos aquellos que, como yo, "ven rojo". En particular, a mi mujer Paola, quien tuvo el honor y el privilegio de conocer personalmente, y en su mítico despacho, al Ing. Enzo Ferrari.

Silvano Ferri

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